Días inusuales

•24 enero 2009 • Dejar un comentario

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No todas las noches de fines de semana estamos encerrados en un bar. A veces se dan varias situaciones, como que nos pidamos la noche libre o simplemente nos la den, por rotaciones en la plantilla y demás. Yo me encuentro esta semana en la segunda.

Ayer, no salí. Despertarse fresco, bien dormido y con un buen sabor de boca, o al menos no uno que se pueda clasificar con el adjetivo “alguiensehacagadoenmiboca”, es muy agradable. Ya te digo que si. Y después de estar tooooodos los fines de semana, hasta las tantas, por ahí… Pues, qué quieres qué te diga? Apetece estar una noche en casa para variar.

Normalmente nos tiramos tanto tiempo sin salir de manera normal que llegamos incluso a sentirnos torpes estando fuera de la barra. Hay mucha gente, una increible cantidad de personas por metro cuadrado. Te cuesta moverte entre la gente. Además de que uno no está acostumbrado a recibir empujones, empellones, codazos y pisotones por doquier, sin recibir un solo “disculpa”, un “lo siento” o un simple “perdona”. Porque de noche, en los bares, cuando están a tope, puedes quemarle la cabeza al de al lado con un cigarro. Tranquilo, no hará falta que te disculpes. Tan solo hazte el tonto. La persona a la que acabas de cauterizar la sien, provocándole una cicatriz vitalicia, está en este mismo instante pensando que ha tenido simplemente algo de mala suerte. Esto mismo te ocurre a la salida de un cercanías Y TE COMES EL TREN.

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Del camarero, como ser humano. (1)

•23 enero 2009 • Dejar un comentario

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Por fin es viernes, dirán algunos.

Aprovechando que llega el fin de semana procedo a comentaros algo acerca de los que pertenecen a semejante gremio.

Somos seres humanos. Tratadnos cívicamente, vive Dios!

Nos colocan tras una barra, que hace las veces de muralla defensiva, y además nos sitúan a unos 15 centímetros de altura más que a los clientes, mediante tarimas. Esto da como resultado que, a nivel subconsciente, estemos a un plano diferente del resto de la clientela. Ya ni hablemos del DJ (que suele ser el Jefe) que está situado en un plano mucho más alto además de protegido por unas cristaleras, que a algunos se le podrán antojar blindadas, dando la impresión de ser un “ojo que todo lo ve”.

Pues bien, os contaré un secreto. ¿Queréis que los camareros os traten como nunca?

Olvidaos de “un chupito para ti”, dar bote y falsos cumplidos.

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No rete al camarero, señora!!!

•22 enero 2009 • 1 comentario

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Hace unos días, charlando con un buen amigo (Amigo de hace años y compañero de otro bar), me contó como había acabado con un cliente que lo había retado a que se tomasen los chupitos más bestias que se le ocurriesen…

El final, obviamente, fue el de el cliente tumbado a los pies de un portal, tres horas después de semejante enfrentamiento, en estado semicomatoso y con un serio charco de vómito a un metro del mismo. Mientras tanto, mi amigo, tras cerrar el bar, se disponía a tomarse unas copas más en otro bar, tan tranquilamente sin sufrir ningún tipo de efecto secundario.

Pero vamos a ver, señores clientes, ¿Cómo demonios se le puede ocurrir a alguien medirse etílicamente a un camarero de un bar de copas?

A la mayoría de los del gremio, se nos está permitido beber en el trabajo. Y es así porque nos ayuda a establecernos en el entorno y ser más abiertos y simpáticos. De hecho la primera copa que suelo tomarme en la noche la comienzo diciendo: Voy a simpatizarme.

A lo largo del tiempo, nuestro cuerpo se adapta a un estilo de vida en el que las copas son gratis. Lo cual quiere decir una barbaridad de copas. Lo cual quiere decir que ni Bud Spencer, oiga. Pues bien, digamos que si el beber fuese un deporte, los clientes normales serían aficionados, los alcohólicos serían amateurs y los camareros seriamos PROFESIONALES.

Así que ya saben, amiguitos. Por mucho capacidad en la ingesta de bebidas espirituosas que crean tener… Nunca reten a un camarero. Él sabe perfectamente que bebida les hará marearse y querer tumbarse en alguna superficie horizontal…

Comienzo de una noche de trabajo

•21 enero 2009 • Dejar un comentario

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Faltan cien metros para cruzar la puerta del bar, miras desde fuera y ves a mucha gente. No es lo habitual. Aceleras el paso, sabes que a tus compañeros de la tarde no les ha dado tiempo a montarnos el bar a los de la noche. Toca echarles una mano. Entras en la barra, repartes un par de muestras de afecto a los esforzados camareros de tarde y entras en el almacén a dejar tus cosas.

Mientras te deshaces del abrigo y la mochila, sostienes un cigarro en la boca. Tan solo te dará tiempo a darle dos caladas mientras cargas con un par de cajas de coca cola, camino de la barra. En la barra está totalmente prohibido fumar, es comprensible, la ley lo prohíbe. Esas dos caladas son suficientes por ahora. Llegas a la barra, abres una nevera y empiezas a cargar a toda velocidad.

Una botella, dos botellas, tres botellas…

Mientras estás agachado (la nevera es de carga frontal lo cual te obliga a hincar una rodilla al suelo, un cliente te mira desde el otro lado de la barra y te dice un par de veces: ¡Perdona, cuando puedas! Hay un par de compañeros a tu alrededor sirviendo a la gente, y se dirige a ti, que estás casi de rodillas en el suelo haciendo un puzzle de botellas… En fin, es temprano, no hay que empezar a encabronarse tan pronto. Ahora mismo caballero! Dices con la mejor de tus sonrisas. Te levantas a ponerle una copa y…  Oh, oh…   Acaban de derrumbarse las cuatro columnas de coca cola que acababas de cargar. Pero bueno, son tan solo las diez, estás fresco, sigues con lo tuyo.

Copa servida y cobrada.

Miramos a nuestros pies, rodeados de botellines retornables, suspiras y vuelves a la carga. Ya está todo cargado.

Ve a fumarte un pitillo completo al almacén, te lo has ganado socio.

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Génesis

•19 enero 2009 • Dejar un comentario

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Mientras volvíamos de un funeral en Ronda, bromeábamos sobre que cosas molestan a los camareros nocturnos de los clientes. Entres risas, el único “no-camarero” de los cuatro que íbamos en el coche, nos dijo que deberíamos publicar una especie de “manual del buen cliente”. Porque muchas de las actitudes de las cuales nos quejábamos eran totalmente desconocidas por cualquier cliente, incurriendo en la mala educación sin siquiera darse cuenta.

Bueno, pues aquí estamos, de ahora en adelante intentaré describir el mundo que rodea a una persona con un trabajo tan peculiar como el de camarero en un bar de copas.

A ver cuánto aguanta esta historia.